Hace unas semanas, concretamente el viernes 10 de abril, tuve la oportunidad de asistir al teatro de la Laboral de Gijón, a la Ceremonia de entrega de los Premios Extraordinarios 2025 del Principado de Asturias. Acudí a la ceremonia para recibir un accésit al Premio del Rendimiento Académico de la ESO. Se trata de un premio que tiene el objetivo de otorgar reconocimiento por las calificaciones durante la Educación Secundaria Obligatoria y que además han logrado un buen resultado en un examen realizado posteriormente. Asistir a la ceremonia fue una gran experiencia para mí, y pude vivir en primera persona un acto oficial presidido por el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón.
Recuerdo la tarde de septiembre de 2025, en la que, junto a otros compañeros del colegio, acudí a realizar un examen que ponía a prueba lo que habíamos aprendido durante la etapa escolar que acabábamos de cerrar. La prueba no fue sencilla, y tuve que hacer uso de los conocimientos que había adquirido a lo largo de la ESO. Aunque salí de allí con la sensación de que podría haberlo hecho mejor, logré obtener una calificación que me sirvió para obtener el reconocimiento.
Así fue como llegué al evento del pasado viernes. Durante ese día, tuve que abandonar las clases a mitad de mañana para ir a la preparación del acto, que estaba pensado meticulosamente y se ceñía a un protocolo que debimos seguir en todo momento. Teníamos nuestros sitios asignados desde el principio, y las entradas y salidas del escenario también estaban ensayadas al detalle.
La ceremonia dio comienzo, y tuvieron intervenciones personalidades como el propio presidente del principado o la consejera de educación, quienes destacaron el esfuerzo que los premiados habíamos hecho para llegar allí y cómo toda la dedicación que había detrás merecía ser recompensada. Sus discursos fueron seguidos por la entrega de premios. Hubo discursos intercalados de compañeros de las diferentes categorías premiadas que expusieron sus experiencias en las respectivas etapas educativas.
Tras la ceremonia, hicimos una foto de grupo de las autoridades presentes con los premiados frente a la entrada del teatro. Esa tarde me sentí arropado por mi familia y por el colegio, representado por nuestro director, Gonzalo Lasa. Después de esto, me emocionó ver toda la gente que se alegró por mi éxito, y me transmitió afectuosos mensajes de enhorabuena. Ese reconocimiento por parte de amigos, familias del colegio, compañeros, profesores… me llenó de gratitud y me hizo sentir afortunado de pertenecer a la comunidad del Colegio San Ignacio.
Este premio supone una motivación para mí para seguir esforzándome en mis estudios y afrontar con ilusión los futuros retos académicos que pronto llegarán. Considero que este logro refleja también los valores que he ido adquiriendo durante toda mi vida en el colegio, inspirados en la filosofía de san Ignacio de Loyola. Esta filosofía pone por delante la creación de hombres y mujeres para los demás, buscando no solo formar alumnos competentes en lo académico, sino también conscientes de la realidad del mundo que nos rodea, comprometidos con la sociedad y compasivos con los demás. Sin esos valores, este premio carecería de sentido, pues lo académico sin lo humano pierde su valor.
Lograr este reconocimiento no hubiera sido posible sin el acompañamiento de mis profesores a lo largo de toda mi vida, en Infantil, Primaria, Secundaria y ahora Bachillerato, que siempre me han mostrado el camino que debo seguir y el valor que tiene el esfuerzo. También quiero agradecer a mis compañeros, que desde el primer momento me han acompañado en el colegio y fuera de él, y con los que he construido amistades que espero alargar toda la vida. Por último, también le quiero dar las gracias a mi familia: mis padres, abuelos y hermanos. Siempre han estado ahí, apoyándome en los momentos difíciles y celebrando en los momentos buenos.
Desde aquí, quiero animar a todos los alumnos del colegio a que, ante desafíos de este tipo, confíen en ellos mismos. El esfuerzo, la constancia y la dedicación siempre acaban dando sus frutos, aunque en ocasiones el camino parezca cuesta arriba. El éxito no reside en llegar a la meta, sino en que cada paso del camino nos sirva para crecer.
Pablo López- Anglada González
1º de Bachillerato




