Olimpiada Matemática 2026

    El pasado viernes 16 de enero, la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo se convirtió en el escenario de un duelo intelectual diferente. Lejos de las aulas convencionales, alumnos de bachillerato se dieron cita para enfrentarse a la fase local de las Olimpiadas Matemáticas, un evento que pone a prueba el ingenio por encima de la memoria.

    Por parte de nuestro centro han participado los siguientes alumnos:

    • Sofía Mella
    • Sara Calvo
    • Marta Román
    • Elena Martínez
    • Pablo Bertrand
    • Luis Jiménez
    • Felipe Álvarez
    • Álvaro Valcarcel
    • Mateo Cadiñanos
    • Pablo López
    • Germán Quintana
    • Carlos Fernandez Velasco
    • Irene Gonzalez Garcia
    • Rodrigo Perez-Magdalena García

    La jornada se dividió en dos bloques: una sesión matutina de 10:00 a 13:30 horas y una vespertina de 16:00 a 19:30 horas. Durante estas siete horas, los participantes no solo tuvieron que recurrir a sus conocimientos matemáticos avanzados, sino que se vieron obligados a desplegar, fundamentalmente, sus capacidades lógicas para desentrañar problemas de alto nivel.

    La competición arrancó por la mañana con tres retos de contenidos diversos. Los estudiantes se enfrentaron inicialmente a la resolución de un sistema de ecuaciones no lineales, seguido de un ejercicio centrado en potencias de tres, y cuadrados perfectos. Sin embargo, el verdadero obstáculo de esta primera mitad fue el tercer problema, un enunciado de geometría que se perfiló como el de mayor dificultad de la tanda.

    Tras un descanso que permitió a los participantes desconectar —gracias a una distribución horaria que facilitó la logística incluso para quienes residen fuera de la capital asturiana—, la competición se reanudó por la tarde. La segunda sesión mantuvo la estructura temática, pero elevó notablemente el grado de complejidad.

    Lo que distingue a la Olimpiada Matemática de la Universidad de Oviedo de los exámenes tradicionales de cualquier instituto es la mentalidad requerida para afrontarla. Mientras que en el ámbito escolar el alumno busca responder a todas las cuestiones correctamente, en este certamen esa aspiración resulta poco realista.

    La dinámica de la prueba normaliza que un buen resultado sea resolver apenas cuatro o cinco problemas, e incluso en esos casos, es frecuente que las soluciones no sean completas en gran parte del alumnado. Lejos de ser un fracaso, este enfoque obliga a los estudiantes a buscar caminos alternativos de resolución, fomentando una creatividad que rara vez se exige en el currículo estándar.

    Más allá de la competición por las medallas, la jornada se cerró como una experiencia cultural enriquecedora. Para los asistentes, la Olimpiada no fue solo un examen, sino una oportunidad para vislumbrar la verdadera amplitud del campo de las matemáticas, cuyos horizontes se extienden mucho más allá de los fundamentos impartidos en el bachillerato.