Como viene siendo habitual, el colegio fomentar la participación del alumnado en todo tipo de competiciones, eventos culturales, que tienen como fin el fomentar el interés y la curiosidad por el conocimiento, el reto de superación personal, el cultivo de preferencias y aficiones y el aprendizaje en todas sus dimensiones.
Fruto de este empeño dos alumnos del Colegio, ganadores de la Olimpiada Matemática Asturiana en los dos últimos años asisten, como invitados, al Acto de la Fundación Princesa de Asturias con Ingrid Daubechies, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica en el año 2020.
A continuación, uno de ellos, Jaime Martínez Torrente de tercer curso de ESO, nos cuenta la experiencia de su participación en la Olimpiada Nacional de Matemáticas, tras vencer en la fase regional.
Todo empezó cuando me inscribí en la Olimpiada Matemática Junior, sabiendo que tenía posibilidades de ganar, pero también sabiendo que igualmente hay gente más lista que yo que podrían estar en la misma competición. Después de unas cuantas pruebas para reducir el número de concursantes, llegué a la final, la cual me salió bastante bien y pude demostrar mis habilidades matemáticas. Salí del final contento y con esperanzas de lograr llegar a la nacional. Después de saber que iba a ir a la olimpiada nacional, me alegré en demasía, esto por la oportunidad de llegar aún más lejos y conocer a gente más inteligente que yo, sin contar un viaje gratis a Extremadura, más en concreto en Jarandilla de la Vera.
La competencia duró cuatro días. Durante los dos primeros, nos enfrentamos a pruebas de diferente tipo. El primer día era la prueba individual. A pesar de que me había preparado, los nervios me jugaron una mala pasada. Me costó concentrarme y no logré el resultado que esperaba, lo que me dejó un poco desanimado. Aun así, me esforcé en terminar la prueba de la mejor forma posible.
El segundo día, en cambio, fue la prueba por equipos. Trabajar junto a otros compañeros me ayudó a relajarme, y el ambiente de colaboración fue diferente al de la prueba individual. Nos organizamos bien y conseguimos resolver los problemas en equipo. Al final, nuestro trabajo dio resultado, y terminamos ganando la prueba por equipos, lo cual fue un logro satisfactorio y dejó un buen recuerdo de la competencia.
Los últimos dos días fueron menos intensos, ya que estaban dedicados a actividades culturales y recorridos turísticos por Extremadura. Esto me permitió desconectar de la tensión de los primeros días y conocer a otros estudiantes que compartían el mismo interés por las matemáticas.
Tiempo después, fui invitado a asistir a una conferencia de Ingrid Daubechies, ganadora del Premio Princesa de Asturias por sus aportes a las matemáticas. La conferencia fue interesante, ya que explicó cómo su trabajo permite comprimir imágenes a través de métodos matemáticos. Pese a ser una explicación superficial y simple del tema, me resultó fascinante cómo algo tan abstracto podía aplicarse a cuestiones prácticas, desde el procesamiento de imágenes hasta el envío de fotos.
Al final de la conferencia, me seleccionaron para hacer una pregunta. Quise saber su opinión sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en la ciencia hoy en día y cómo estos han cambiado con el tiempo. Daubechies respondió con amabilidad, compartiendo sus reflexiones sobre los obstáculos y avances que las mujeres han experimentado en el campo científico, además de que espera que las dificultades de las mujeres respecto a los hombres en este tipo de temas se reduzcan cada vez más, hasta ser casi nula, y como durante los últimos años la situación ha mejorado rápidamente en pocos años. Escuchar su punto de vista fue motivador y me dejó una impresión positiva sobre ella y demás investigadores y matemáticos.
Entre la Olimpiada y la conferencia, pude experimentar dos aspectos diferentes de las matemáticas: el de la competencia y el de la investigación aplicada. Ambas experiencias me aportaron algo valioso y me hicieron ver nuevas posibilidades en el estudio de las matemáticas.




